Iglesia Colombiana Metodista Bogotá – Celebramos la vida y edificamos la esperanza

¿QUIÉNES SOMOS?

IGLESIA COLOMBIANA METODISTA DE BOGOTÁ

La Iglesia Colombiana Metodista de Bogotá es una comunidad de fe cristiana acogedora, que recibe, ama y reconoce el valor de todas las personas como hijos e hijas de Dios, además, proporciona un espacio seguro para que todos y todas exploren y profundice en su relación con Dios y con otras personas, mientras sirven con amor siguiendo el llamado de Cristo.

¡TE INVITAMOS A CONOCERNOS!

Nuestros servicios de adoración son todos los domingos a las 10:30 AM
Carrera 1F N. 65-12 en Chapinero, en la ciudad de Bogotá D.C

HISTORIA DE LA IGLESIA METODISTA

Es una Iglesia cristiana en la cual se predica la palabra de Dios y se administran debidamente los sacramentos. Pertenece al gran movimiento Metodista que es una de las ramas más importantes del protestantismo. Sin embargo, el Metodismo no brotó de la Reforma del siglo XVI, sino que surgió en el seno de la Iglesia Anglicana. El movimiento Metodista se inició con el gran movimiento evangélico que conmovió a la Inglaterra del siglo XVIII. El Espíritu Santo usó como iniciador de este movimiento al Rev. Juan Wesley (1703-1791), presbítero de la Iglesia oficial y catedrático asociado en la Ciudad Universitaria de Oxford. Nació en un hogar esmeradamente piadoso. Fue criado en un ambiente de elevados ideales, con una muy buena educación en la Iglesia de Inglaterra del siglo XVIII. 

 

El símbolo de la Iglesia Metodista representa a Cristo resucitado, y la flama, recordando aquel calor extraño en el corazón de Wesley. EEUU (1968).

Después de su formación como ministro, encontró que muchas personas, especialmente de las clases más pobres, no eran activas en la Iglesia ya que no se sentían incluidas en la institución eclesial oficial. Wesley predicó su primer sermón al aire libre cerca de Bristol en la primavera de 1739. Las calles de la ciudad, los campos abiertos de las zonas rurales, la cercanía de las minas de carbón fueron su púlpito. Wesley atrajo a multitudes de personas por toda Inglaterra, especialmente pobres, desatendidos social y espiritualmente. La crisis de su vida se efectuó en una reunión de oración celebrada en una casa de la calle de Aldersgate, en Londres el 24 de mayo de 1738. Atravesó por la experiencia paulina, según la cual, no es por el propio esfuerzo, por muy sincero e intenso que sea, que el ser humano alcanza la vida y la paz, sino por la gracia de Dios Padre, a través de Cristo Jesús, en el Espíritu Santo, mediante la fe personal. Fue tan intensa la experiencia de su conversión que él mismo sintió que su corazón ardía con un fuego extraño. Lo que sucedió aquella noche, Juan Wesley lo expresa en su diario con las siguientes palabras “Siento que en verdad confío solamente en Cristo para ser salvo; y me ha sido dada la certeza de que Cristo me ha redimido de mis propios pecados, y que me salva de la ley del pecado y de la muerte”.

 

 

Wesley inmediatamente comenzó a proclamar a otros lo que él mismo había experimentado. Bajo su predicación se convirtieron centenares. Los nuevos conversos necesitaban dirección y educación. Wesley reclutó a otros para que le ayudaran con la predicación; formó y dio origen a las bandas, pequeñas clases y sociedades que se reunían en los hogares. Por el año 1744 en compañía de su hermano Carlos Wesley, junto con otros cuatro clérigos de la Iglesia de Inglaterra, que ya para ese entonces trabajaban con Wesley al lado de cuatro predicadores laicos, comenzaron a reunirse en conferencias anuales, cuya práctica es todavía parte básica del metodismo mundial. No fue sino hasta después de la muerte de Wesley,  en 1791, que el movimiento Metodista se convirtió en una Iglesia organizada en Inglaterra. Ya para entonces las Sociedades Metodistas tenían más de 75.000 miembros. Gradual y vigorosamente el Metodismo llegó a ser el gran movimiento religioso que sacudió y revolucionó a Inglaterra. 

El movimiento comienza en Norte América en 1784, cuando Wesley envía a Thomas Coke y a Francis Asbury al nuevo mundo para servir como Superintendentes Generales (Obispos) y allí nace oficialmente en América la primera Iglesia Metodista. La Iglesia Metodista Unida, como actualmente se llama, es una de las más grandes en los Estados Unidos de Norte América, gracias a la unión de varias ramas de las diversas Iglesias Metodistas que las preceden durante toda su historia. De Estados Unidos se enviaron misioneros a todo el continente siendo su parte más fuerte el cono sur, incluyendo Brasil. En centro y sur América se desarrolló gradualmente el Metodismo. Actualmente en Sur América hay una organización que agrupa todas las Iglesias Metodistas de América Latina y el Caribe, la cual se llama CIEMAL (Consejo de Iglesias Evangélicas Metodistas de América Latina y el Caribe). 

HISTORIA DE LA IGLESIA COLOMBIANA METODISTA

La Iglesia Metodista Colombiana se desarrolla formalmente en el año 1996, tras intentos de comenzar la obra en los años 84 y 86, los cuales se vieron dificultados por la situación política, a lo que se sumó la presencia evangelizadora histórica de la Iglesia Católica Romana. Los inicios de la IMC se dieron en dos lugares, Bogotá y Calarca; su incursión en la Capital de nuestro País, se dio a través de una iniciativa de CIEMAL, proponiendo que Colombia sea un campo misionero. Los Obispos de Cuba, México y un misionero de Brasil juntaron sus fuerzas para establecer la Obra. De este esfuerzo finalmente quedo una Congregación encabezada por el Pastor Luis Castiblanco, la cual contaba con el apoyo de misioneros Metodistas y el acompañamiento del Obispo Isaías Gutiérrez, quien se desempeñaba como Presidente de CIEMAL. En el año 96 un Presbítero Colombiano Rev. Manuel Grajales, jubilado de la Iglesia Metodista Unida, viajo a (Calarca) ciudad del Eje Cafetero, donde dio inicio a la obra en el sur occidente de nuestro País.

NUESTRA MISIÓN

Compartimos las buenas noticias de salvación y Vida Eterna por medio de las relaciones humanas, el trabajo comunitario, la justicia social y ambiental, la educación y la creación de oportunidades. Discipulando, escuchando, alimentando, sanando, formando y equipando a las personas para que puedan dar de gracia lo que de gracia han recibido.

NUESTRA VISIÓN

Seremos una comunidad de fe, dinámica, diversificada en ministerios que atiendan los diferentes desafíos, necesidades y aspiraciones de la parroquia, contribuyendo a la plenitud de la vida en Colombia.

La Iglesia Colombiana Metodista como parte del cuerpo de Cristo, contribuye en la extensión del reino de Dios, que se expresa en la construcción de comunidades inclusivas, que proclaman la buena nueva de una vida digna e integral en la sociedad colombiana.

UN PUEBLO LLAMADO METODISTA

En estas pocas líneas queremos presentar una síntesis de los fundamentos de la fe que profesa e identifica el pueblo de Dios llamado Metodista. Es un resumen escrito para personas que desean conocer ¿qué es la Iglesia Colombiana Metodista? La cual en adelante la identificamos con las siglas ICM.

Historia del pueblo Metodista

Todo comenzó como un movimiento del Espíritu Santo que llenó la vida de unos inquietos jóvenes sacerdotes de la Iglesia Anglicana del siglo XVIII.  Se trataba de Juan y Carlos Wesley quienes no se conformaban con vivir una fe rutinaria, ritualista y puramente formal. Estaban inquietos porque la Iglesia de Inglaterra por ser una Iglesia oficial, daba prioridad a atender la religiosidad de la nobleza de Inglaterra.  El Rey, la Reina, los príncipes y princesas y su corte ocupaban los principales lugares en los templos en las celebraciones litúrgicas.  Esta costumbre era abiertamente discriminatoria porque relegaba a los ciudadanos comunes a segundo plano, en un país que vivía una revolución industrial, que estaba transformando económica y socialmente a la Inglaterra de aquella época.

Pero esta revolución produjo muchas desigualdades sociales. Por un lado, los obreros eran sometidos a jornadas muy largas de trabajo, de hasta 14 horas diarias, sin ninguna protección de salud, ni posibilidades de educación; con una mala alimentación y en un completo hacinamiento. Por otro lado esta precaria situación producía pobreza, vicios, violencia, analfabetismo, enfermedades, es decir; degradación social.  Pero un día Juan Wesley, justamente el 24 de mayo del año 1738, tuvo una experiencia de conversión que cambió su vida para siempre, y con ello entró en un movimiento del Espíritu que lo llevó a servir y predicar el evangelio en las fábricas, en los suburbios, en los hospitales, en las casas, en las minas, es decir, allí donde estaban las personas necesitadas por falta de amor, de justicia, de solidaridad y paz como lo anuncia la Buena Noticia del Evangelio.

De esa manera Juan Wesley, empezó a organizar pequeños grupos de estudio de las Sagradas Escrituras, grupos de oración que también recogían dinero para ayudar a los más necesitados.   Con su hermano Carlos, cantaban himnos y glorificaban al Señor.  Estas reuniones, bien organizadas, las hacían en las casas, en la universidad y hasta en la calle, de manera que cada día crecían en gracia y numero de tal forma era su impacto que ese movimiento transformador se extendió por toda Inglaterra.

Debido a que eran muy organizados metodológicamente, disciplinados, piadosos, responsables y coherentes entre lo que confesaban y lo que hacían,  quienes les observaban desde afuera los empezaron a llamar METODISTAS. Este es pues, el origen de un pueblo lleno de fe llamado Metodista.

En Colombia:

La Iglesia nace en Junio del año 1996, quien le da inicio es un Pastor Metodista jubilado de la Iglesia Metodista de los Estados Unidos. Que regresa a vivir a Colombia y ve la posibilidad de compartir la palabra en Calarcá Quindío; dando inicio allí a la Iglesia Metodista en Colombia.

 

Fundamentos de la fe del movimiento Metodista

Desde entonces, el pueblo llamado Metodista, se ha multiplicado por todo el mundo. Predicando, sirviendo, luchando contra la injusticia, atendiendo a los enfermos y a quienes por alguna razón social, religiosa, étnica, racial, política, cultural o de género son marginados, excluidos o enajenados o desamparados. Pero también viviendo una vida coherente en lo ético, en lo moral, en las relaciones sociales, con dominio propio, comprensible, respetuoso y tolerante con sus prójimos (2.Tim). Por eso afirmamos que toda persona Metodista, es una persona que ha sido redimida por la Gracia de Dios, a través de un encuentro vivo y personal con Jesucristo, y que a partir de esa experiencia de fe, el Espíritu Santo actúa permanentemente en su vida, guiándolo por el camino de santidad hacia la perfección.  Para los/las creyentes Metodistas su religión es la del amor, como nos enseñó nuestro Salvador Jesucristo (Mt. 22:36-40).

La santidad como base central de nuestra Iglesia:

Podríamos decir, que  el movimiento Metodista  sostuvo en sus orígenes que el amor salvador de Dios en Jesucristo, es una experiencia personal, razonable y social.   Es el amor que no excluye a nadie por ninguna circunstancia.  No nos podemos conformar con un cambio individual, interior, solamente íntimo, sino que la santidad es personal y por lo tanto social, es decir, la fe se vive diariamente en un entorno, en las relaciones sociales, en una historia dada, en un contexto, en una cultura, en una cotidianidad, allí Dios se manifiesta, allí Dios se revela y allí es donde somos llamados a ministrar.    La santidad es una fuerza que nos da el Espíritu para capacitarnos, protegernos, acompañarnos y darnos palabra profética, destrezas, dones y habilidades para enfrentar las fuerzas malignas que afectan pecaminosamente nuestro entorno social y cultural. Por ello, para la ICM la santidad no se vive solo en el culto, ni entre los cristianos solamente, se vive en la parroquia, en el contexto donde vivimos la vida como todos los demás prójimos.

Los medios de Gracia y las obras de piedad

Dios nos provee lo fundamental para vivir bien y dignamente. Él nos ha provisto de aptitudes, habilidades, destrezas y dones para el perfeccionarnos como personas integras. La vida material y la vida espiritual,  como ya dijimos en la teología wesleyana no se separan.  Son dos componentes necesarios para vivir como discípulos y ministros de Dios en santidad.

Sin embargo, aunque él nos ha dado todas esas capacidades y facultades para que nos realicemos plenamente, como un don de ser imagen y semejanza del Creador, no estamos exentos de encontrarnos con obstáculos, problemas, contradicciones, conflictos y hasta fracasos, tentaciones e infidelidades. En realidad se trata de una lucha diaria frente a estructuras, lógicas, ideologías, sistemas malignos, tentaciones y malos deseos.  La pregunta entonces es ¿Cómo mantenernos fieles y eficaces mientras ministramos en el camino que nos da el Reino del Señor?   En un sermón Juan Wesley nos enseñó que los medios de Gracia son:

  1. La Sagrada Escritura. (Como base fundamental).
  2. La Oración constante (Mt. 26:41).
  3. El ayuno constante (Hech. 13:1-3, Mt. 4:1-11).
  4. La Santa comunión en la mesa del Señor (1 Cor. 11: 23-26).
  5. El espíritu de unidad conciliar y la conexionalidad. (1 Cor. 12:12ss).
  6. La adoración pública.  No solo privada sino testimonial y diaconal.

La Gracia como fundamento de nuestra fe

Dios en su infinita misericordia nos cobija con su Gracia.  El principio de la Gracia, es una herencia de la Reforma Protestante, la cual se basó en la teología del apóstol  San Pablo.  Por Gracia somos salvos, por la fe no por obras, para que nadie reclame méritos propios  (Ef. 2: 1-10).

Pero la inspiración mayor de Wesley está con su concepto de Gracia Preveniente (Sermón, Gracia libre, 1739).  Esta es la gracia que viene con nosotros desde nuestro nacimiento, la que viene antes, la que nos prepara para recibir el perdón de Dios, no importa la condición pecaminosa en que estemos, la Gracia preveniente está en nosotros (Ef. 2: 1).  Antropológicamente podríamos decir que la Gracia preveniente es condición humana.   Pero no es que estemos predestinados, sino que hemos sido depositarios de la Gracia por el infinito amor de nuestro Dios, pero somos libres para tomarla o dejarla.  Esto significa que podemos no activarla, dejarla estática como si estuviera congelada en nosotros, por lo tanto, permanecer siempre en el pecado.  Seguimos siendo seres libres porque podemos decidir si aceptamos la Gracia gratuita o no, pero esa libertad no es la que nos salva, nos salva la Gracia de Dios. La Gracia requiere una respuesta humana, una respuesta de nuestra parte, requiere el arrepentimiento y la conversión.    La Gracia nos enseña que Dios siempre tiene los brazos abiertos para recibirnos si vamos a EL.  Él es fiel y Veraz y por su fidelidad nos espera, nos llama, nos insiste, aunque nosotros seamos infieles y como dice San Pablo, caminemos según la carne (Rom. 8: 5-8).   Pero lo más contundente es que “…ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom. 8:1).

Las obras de misericordia:

La santidad social y la transformación de la sociedad no es una ideología, ni una doctrina, ni una ley, es un impulso provocado por el amor (1 Co. 13: 13).  Las obras de piedad no tienen sentido sino es por el compromiso de las obras de misericordia (Sermón de Wesley sobre el sermón de Nuestro Señor en la montaña, VI, 1748).  En este sermón Wesley concluye:  “Dar de comer al hambriento, vestir al que está desnudo, atender o asistir al extranjero, visitar a aquellos que están enfermos o en prisión, consolar al afligido, instruir al ignorante, reprobar al malvado, exhortar y animar al que hace lo bueno; y si hubiera cualquier otra misericordia, también se la debe incluir en esta dirección”.  Además añade:   Fe sin obras de amor,  es  “la gran plaga del cristianismo” dijo Wesley (Santiago 2:14-26). Las obras de misericordia no esperan retribución, no se mueven por el utilitarismo, no esperan recompensa ni producen salvación.  Son amor, gratuidad, desprendimiento incondicional por amor a nuestros prójimos como a Dios.  Con las obras de misericordia Wesley atacó el derroche de dinero, la acumulación de riquezas sin escrúpulos éticos, la extravagancia y el despilfarro.  El creía que la riqueza, convertida en el dios Mamón era un problema para la santidad (Mt. 6:24).

El nuevo nacimiento en Cristo:

La justificación y nuevo nacimiento son dos partes de una misma realidad, no se pueden separar.  La advertencia que le hace Jesús al fariseo Nicodemo marca un criterio “…que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar al reino de Dios.” (Jn.3:1-7).  Por ello, el amor del Padre mediante la obra de Jesús nos hace justos, nos justifica.  La justificación nos pone en camino a una nueva vida, a partir de ahí somos nuevas criaturas (2 Cor. 5:17).  Este es el camino que nos lleva a la perfección cristiana, guiada por el Espíritu Santo hasta alcanzar la estatura de Cristo mientras servimos en los ministerios (Ef.4:11-16). La justificación nos lleva al servicio en los ministerios y es esta práctica la que nos va perfeccionando.  La nueva criatura, el nuevo hombre, la nueva mujer es una persona comprometida con el desarrollo y misión del cuerpo de Cristo (Sermón, La perfección Cristiana, T.III, p.21).

La perfección no significa sin error, no significa que no se pueda contaminar, sino que es una actitud de entrega, sacrificio, de compromiso sin la búsqueda del mérito.  El nuevo nacimiento nos transforma en nuevas criaturas, ya no buscando nuestros propios deseos e intereses, sino que ahora se vive para construir un mundo nuevo, unas personas nuevas como discípulas de Jesús.  Quien ha nacido de nuevo, es alguien que decide convertirse en un discípulo de Jesús y seguirlo por el camino de la vida en la misma historia humana, en medio de las contradicciones y tinieblas que hay en esa historia pero dependiendo de la Gracia (2 P. 3:18). La perfección cristiana es buscar siempre la integridad,  el dominio propio, la justicia, la paz, la coherencia, la honestidad, la compasión, la misericordia, en otras palabras, como dice San Pablo: es dar abundantes frutos del Espíritu (Gal. 5:22-23).

Características del Metodismo

  1. El amor a Dios.

Dios lleno de Gracia nos amó primero y siempre. Por ello san Juan afirmó que de tal forma Dios amó su creación que envió a su único hijo para que toda persona que crea en él se salve. (Jn. 3:16).

Desde los orígenes de la creación se manifestó el amor y misericordia de Dios, pues creó un universo auto regulado con maravillosas creaturas del reino animal, del reino vegetal y del reino mineral.  Pero en el centro de esa espectacular creación llena de flores, colores, sabores, sonidos y movimientos Dios creó también al ser humano que llamó ADAN, hombre y mujer los creó, a su imagen y semejanza (Gen. 1: 26-31). 

Así que Adán y Eva recibieron el mandato Divino de, con sabiduría, cuidar, gobernar,  fructificar, reproducir y disfrutar la creación porque todo fue creado bueno en gran manera. Pero Dios creó al ser humano con espíritu libre, permitiéndoles escoger con criterio propio, pero advirtiéndoles cuál era el camino de la vida y las consecuencias de sus decisiones y conducta (Gen. 3, Is. 55:6-8, Jer. 211:8).  Allí está el origen de la condición humana, capaz de decidir el camino de la vida o el camino de la muerte.

El camino de la vida, como ya lo dijimos está orientado por el amor. Dios es amor.  Es un amor sin límites por la vida plena de toda la creación. Pero el camino de la muerte está orientado el endiosamiento idolátrico del ser humano.  Por la avaricia, por sus ansias insaciables, por las ansias perversas de poder, por su cálculo de utilidad. Esto es lo que conocemos como pecado.  Porque corrompe, degrada y destruye las relaciones con los prójimos, con la creación y por lo tanto con su mismo Creador.  El pecado produce muerte (Rom. 6:23). Pero nuestro Creador no es un Dios condenador, ni vengativo. El es un Dios de amor, de misericordia y siempre está dispuesto para perdonar nuestros pecados, por atroces que sean.  Es un Dios de salvación.  Solo espera que volvamos a él arrepentidos si hemos faltado ya sea de palabra, pensamiento u obra (1 Jn. 1: 6-10). Para quienes conocen el mensaje de salvación en Jesucristo, no hay otro mediador, no hay otro medio de salvación (1 Tim. 2:4-6).

Cuadrilátero (manera de hacer teología)

Pero ¿cómo recibimos toda esa Buena noticia de Salvación?  Juan Wesley nos proporcionó un camino metodológico que nos ilumina para discernir el proyecto de Dios para nuestro tiempo en Colombia.  Esa metodología Wesley la llamó Cuadrilátero, porque se compone de cuatro partes, a saber:

  1. Las Sagradas Escrituras.

La Biblia es Palabra de Dios, es una fuente que ilumina e inspira nuestro diario vivir. Es una regla de fe y orden para lo emocional, para lo trascendente, para lo inmanente (material), para los sentimientos que tiene que ver con las relaciones humanas, las relaciones con la naturaleza y las relaciones con el Creador. Es una luz para guiar nuestras relaciones económicas, políticas, religiosas, culturales y lúdicas.  Para Juan Wesley la Biblia como Palabra de Dios es una fuente primaria e indispensable para guiar la vida cristiana.  La ICM confiesa que la Biblia sigue siendo nuestra luz para iluminar nuestra vida y misión como Iglesia de Jesucristo.

  1. La tradición:

Juan Wesley, fue un lector y analista de la historia de la iglesia.  Buscó luz en ella y así pudo ver la importancia del que hacer de la Iglesia a través de toda ella. También en la cultura y en el contexto de cada lugar donde se ministra la palabra. Nosotros en la ICM, también asumimos dicha tradición y la hacemos parte de nuestro legado como credos, confesiones de fe y la experiencia errónea como la lúcida, son luz y testimonio de cómo se comportó el pueblo de Dios a través de la historia, para con esos ejemplos nosotros mejorar nuestro caminar y no volver a cometer tales desmanes y pecados. Respetando también todo el entorno cultural, social y político que nos rodea.

  1. La Razón:

Wesley vivió en un contexto conocido como el siglo de la razón o de las luces. Se trataba de un movimiento cultural conocido como la Ilustración del siglo XVIII en Francia e Inglaterra, justo contemporáneo del movimiento Metodista,  contrapuesto al oscurantismo por medio de la iluminación de la razón. Siempre se ha requerido de la utilización de la inteligencia como responsabilidad humana, para discernir la palabra de Dios en el contexto donde se ministra.

  1. La experiencia cristiana:

Para Wesley la razón sola no era suficiente, se requería una experiencia vivencial con Dios. (Esa experiencia mística). Wesley era testigo que en su propia Iglesia la religión parecía una mera formalidad.  La liturgia y la vida cristiana no tenían vitalidad, parecían meras formas externas.  Esto contrastaba con la experiencia personal con Dios que él mismo había tenido.  De allí que se enfatizó el “corazón ardiente”, en su encuentro de conversión.   Esto significaba una vivencia real de la fe, una pasión y una espiritualidad transformadora.  Quien no tiene una experiencia personal con Dios, se mantendrá sin motivaciones ni tendrá fuerza para testimoniar la fe en Jesucristo.

Así pues, la Santa Biblia, la tradición del pueblo de Dios, la razón como medio de adquirir conocimiento y la experiencia viva de la fe, son las cuatro fuentes que iluminan nuestro quehacer para llevar adelante el proyecto de Dios por medio de la iglesia Colombiana Metodista en Colombia.

Sobre el bautismo:

El bautismo no es solamente una señal de profesión y una marca de diferencia por medio de la cual se distinguen los cristianos de otros que no ha sido bautizados. Es también una señal de la regeneración o nuevo nacimiento; de inclusión en la vida cristiana. El bautismo de los niños es fundamental conservarse en la Iglesia como protección espiritual a la vida del infante.

Cena del Señor:

En la Iglesia Metodista la comunión es abierta, ya que es también considerada un medio de gracia, que se activa en nuestras vidas, cuando presentamos nuestros corazones con humildad y arrepentimiento. Haciéndonos uno/a con el Señor y con nuestro prójimo. Allí el Señor nos invita a participar de su mesa. Reconocemos que es un sacramento y un acto memorial, quien coma dignamente y que con fe recibe este sacramento. La gracia en él, le podrá permitir un cambio de vida.

La Justificación en la práctica de la justicia

La Justificación por la fe es otra de las herencias de la Reforma Protestante.   Es originalmente una clara inspiración paulina.  Nosotros no merecemos ser justificados a causa de nuestra reiterada maldad.  Somos nosotros los injustos contra nuestros prójimos, siempre ponemos nuestros propios interesas por encima de la justicia, esto nos hace in-merecedores de la justicia de Dios.  Si no hacemos justicia no podemos recibir justicia.  Si somos injustos, hemos roto la relación con nuestros prójimos y por lo tanto con Dios. Entonces aparece el mediador, el encarnado y manifestado entre nosotros, Jesucristo hombre-Dios, quien se nos revela para ofrecernos la reconciliación (Rom. 5: 1-5).  Para quienes conocemos a Jesús como salvador, el Dios revelado entre nosotros con las Buenas Noticias, él es vital para la salvación.  El es el único Mediador, es el Reconciliador, es nuestro Justificador, quien intercede.  Esto significa recibir la Gracia y asumirla con toda seguridad y confianza, esa confianza que depende del amor misericordioso, el cual en el perdón nos quita toda culpa.   Dios por la obra de Jesús el Cristo nos hace justos, nos justifica. (Sermón, La Justificación por la fe T. I, pp.99ss).  Pero la obra de Jesucristo requiere una respuesta de nosotros, que sigamos la práctica de la justicia como la vía para seguir a Jesús como sus discípulos.  Es decir, poner en práctica la Palabra (Stgo. 1:22).

La educación.

 Wesley convirtió la Biblia en un libro de texto para enseñar a leer.  En las Escuelas Dominicales se enseñaba a leer.  También se preocupó mucho porque los niños pobres estaban excluidos del sistema educativo.  Entonces fundó escuelas y pretendía que compartieran una amplia cultura donde se incluyera, la enseñanza de idiomas como el latín, griego, hebreo, francés; la composición literaria, la historia, filosofía, geografía, ciencias, literatura, música y teología. También Wesley, debido a que en su tiempo se le daba importancia a la razón, insistía por medio de folletos y publicaciones en no dejarse fanatizar sino que había que cultivarse y razonar las cosas.  El era, igualmente un gran lector de la literatura más actual de su tiempo. En la ICM le damos mucha importancia a la educación, por ello cada ministerio va acompañado de un programa formativo.  También aspiramos a que cada pastor, pastora y dirigente de algún ministerio tenga educación formal.   La educación ilumina, da luz, abre las mentes, aunque el conocimiento ni los títulos son los que nos hacen sabios, la sabiduría es una combinación entre conocimiento y praxis.  Es en el desarrollo de los ministerios que perfeccionamos nuestra fe cristiana, alcanzamos la santidad,  es en los ministerios que realizamos constantemente donde adquirimos sabiduría.   La educación nos saca del oscurantismo y la ignorancia. La educación es también un Derecho Humano, según la declaración de las Naciones Unidas.

La opción radical contra la guerra.

Wesley llamó “monstruo” la guerra. Quien hace la guerra está desprovisto de razón.   Para él, la causa más productora de guerras es la avaricia.  La guerra es una muestra de la depravación del ser humano,  la violencia de la guerra muestra la fuerza universal del pecado.  El contexto al que se refería Wesley era la guerra independentista de las colonias.  EUA se independizo finalmente en 1776. Lamentablemente, Wesley se mantuvo al lado de la corona Inglesa.  Pero muchas veces insistió en que los cristianos están comprometidos con la paz (Is.2:4).

Nosotros los colombianos vivimos en un contexto de guerra y violencia generalizada.  La guerra es degradante y muestra, como lo dijo Wesley, la perversión del ser humano.  Nuestra misión como Iglesia Metodista es una franca y radical oposición a la guerra y al armamentismo.  Tenemos que ser contundentes en nuestra oposición, contra todos los actores de la guerra en este país.  La guerra nos lleva al atraso en educación, salud, vivienda, trabajo, alimentación. Además, la corrupción y la avaricia se cultivan con la guerra, por eso hay tantos campesinos trabajadores despojados de sus tierras, tanta miseria, tantos desplazados.  Así que estamos contra la guerra y llamamos a todos los involucrados en ella a buscar caminos de paz, que los fusiles y las armas se conviertan en herramientas para producir alimentos, educación y salud (Is. 2: 4).  Que los aviones de guerra se conviertan en escuelas, hospitales, y complejos deportivos y culturales para nuestra niñez y juventud. Haremos todo lo que esté en nuestras posibilidades para trabajar por la paz y la reconciliación en justicia.  “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Jn. 14: 27).

Colombia vive una guerra prolongada, degenerada, sucia y no tiene, por vía de la fuerza, ninguna salida al conflicto.  Si queremos la paz, tenemos que negociarla, pero con un marco jurídico apropiado y transformando actitudes, estructuras y sistemas en caminos para construir la justicia.  Sin justicia no hay paz, porque como dice el profeta Isaías: “Y el efecto de la justicia será paz;.. “ Is.32:17). 

El proyecto de Dios, según la Iglesia Colombiana Metodista para Colombia

Consultadas las fuentes y las referencias anteriores, como pueblo colombiano llamado Metodista, perfilamos los siguientes aspectos que caracterizan el plan estratégico contextualizado en nuestra cultura y signos de los tiempos, los cuales traducen en formas concretas y tratan de movilizar toda la Iglesia para hacer visible y vital el reinado de Dios y su justicia en Colombia.  Algunos de los aspectos en cuestión son los siguientes:

  • La misión de la Iglesia es parroquial.  No es solo templo-céntrica, ni culto-céntrica- ni pastor -céntrica.
  • La Santidad nos permite atender la integridad de la creación y la integridad de la realidad humana.  Esto es superación del dualismo.
  • Estamos re-definiendo nuestra cultura litúrgica. El culto también es un lugar de cultura y con la liturgia recapitulamos la peregrinación del pueblo de Dios, como expresión viva de la historia de la salvación.
  • Proponemos diversificar los ministerios para cumplir con el criterio de “El sacerdocio universal de todos/as las creyentes”.  Porque el Espíritu provee los carismas, la Iglesia transforma esos carismas en ministerios y estos responden a necesidades concretas de la parroquia.
  • En la diversificación de ministerios descubrimos, potenciamos y desarrollamos dones, talentos, habilidades y destrezas de cada discípulo (a) de Jesús.
  • La niñez es un ministerio prioritario para la ICM. Su fragilidad, su inocencia, su completa dependencia evoca la santidad necesaria, a la cual apeló Jesús, para entrar en el reinado de Dios.
  • La juventud y la adolescencia, son una fuerza incontenible artífices transformadores, si apelan al Espíritu para discernir y encauzar el horizonte juvenil, como causa de la voluntad de Dios.
  • El ministerio de mujeres tiene una causa de mujer para evangelizar y trabajar por la salud (salvación) de las mujeres en la parroquia.
  • El ministerio de Lectura Comunitaria de la Biblia como ejercicio hermenéutico para discernir la revelación de Dios en su proyecto de amor, es vital para la peregrinación de la Iglesia en Colombia.
  • Ministerio de prevención y cultivo de la salud integral en regiones peligrosamente vulnerables (IPS).
  • Ministerio de mayordomía administrativa y mayordomía de la integridad de la creación.
  • Ministerio de justicia, paz y DDHH.  Sin justicia no hay paz. 

El ejercicio práctico de estos ministerios, además de buscar consagrarnos en el Espíritu como discípulos(as) para realizar esta tarea, poner en movimiento y hacer participar la Iglesia en comunión como un solo cuerpo, una sola fe, un solo Espíritu es lo que define e identifica el plan estratégico de la ICM.   Esto nos da una coherencia teológica y espiritual que orienta el compromiso de quienes desempeñamos las diversas tareas ministeriales, que implica además los siguientes énfasis:

El modelo eclesial (la forma de ser Iglesia)

  • La diaconía (servicio) centrado en el amor; se motiva en la Gracia salvadora.  Esto supera el tradicional proselitismo.
  • Confesamos y somos copartícipes del espíritu ecuménico.
  • Somos cuerpo de Cristo, somos comunidad, somos Iglesia,  somos pueblo de Dios en peregrinación, por lo tanto no cultivamos ni aceptamos el individualismo.
  • Reconocemos que la Iglesia enviada en misión, trasciende nuestra confesión, y más bien como pueblo de Dios enfrenta las contradicciones y ambigüedades del ser humano y su historia, pues su condición natural es ambigua y contradictoria.  De donde surge el pecado y la oportunidad de la Gracia.
  • Según nos muestran las Escrituras, la Tradición del Pueblo y la realidad donde ministramos; la ICM entiende y se compromete con opción por los “pequeñitos /as” del reino (Mt. 25: 40). Esto significa con las personas vulnerables, marginados, excluidos, discriminados por cuestiones de raza, género, etnia, generación, discapacidad, nacionalidad, religión o condición socio-económica. Esto dice que somos una Iglesia inclusiva.

El resultado de ese ejercicio nos dará una identidad y una manera de ser Iglesia unida en Cristo y desafiada por el contexto para responder al llamado que nos hace el Señor a participar en su proyecto salvador para Colombia.  Este es entonces, el modelo que hemos tratado de desarrollar y que anhelamos sea evidente en quienes nos observan con atención. Si no es el entorno el que lo califica, en vano lo verbalizamos nosotros mismos.  Esperamos no decepcionar a quienes decimos que servimos. Es, sin duda, el testimonio de los otros y otras el que da fe de nuestra fidelidad o decepción.

Finalmente, es bueno reiterar que  todo este esfuerzo es parte de un proceso educativo orientado por la Palabra, para desmontar y relativizar conceptos y prácticas no fundamentadas ni exactas según el Evangelio.  Entonces, podremos pasar a reconstruir una Iglesia nueva, en el sentido de ser fiel testimonio del proyecto de Dios en este país.

La Iglesia Metodista en Colombia

Es una Iglesia Episcopal, contamos con un Obispo/a a nivel Nacional; quien es el/la guía pastoral y administrativo/a de la ICM. La Iglesia está organizada en Distritos, ahora contamos con tres (3) (Costa, Eje Cafetero y Valle). Hay una Junta Nacional que en comunión con el Obispo/a orienta el que hacer de la ICM. Sin embargo, cada dos (2) años se hace Asambleas (Legislativa y electiva) siendo este ente, la máxima autoridad de la Iglesia.

La membrecía está compuesta por afrocolombianos, indígenas, campesinos, personas desplazadas por la violencia o la naturaleza. Hay un pequeño grupo de personas de clase media o emergente. El cuerpo Pastoral, está compuesto por: Pastores/as Laicos/as a cargo de obra, pastores/as candidatos/as al ministerio ordenado y presbíteros/as. Un pequeño grupo de diáconos/as.

La Iglesia tiene presencias en: Valle, Risaralda, Quindío, Huila, Antioquia, Bogotá DC, Atlántico, Bolívar, Sucre, Guajira, Córdoba y en diferentes municipios y corregimientos de estos departamentos. Mantenemos una comunión o conexionalidad con la familia Metodista de todo el Mundo; igualmente con los organismos ecuménicos a nivel continental y Mundial.

Dentro del servicio que la Iglesia presta a la comunidad contamos con: Comedores comunitarios de personas en general y de niños exclusivamente, en diferentes partes del País donde la Iglesia tiene presencia. Contamos con una pequeña clínica (IPS), que brinda atención gratuita a una población aproximada de 3.000 personas. Contamos con un pequeño fondo Bancario (Banco Responsable) donde se le presta pequeños montos de dinero a la población más vulnerable que no tiene acceso a un crédito bancario para impulsar su micro negocio. En las diferentes ciudades tenemos donde ya hay construcciones; Centros de Desarrollo Comunitario. Aquí en estos lugares se hacen diferentes tipos de actividades tales como: Brigadas de Salud; ya sean Citologías, Salud Oral y Consulta médica en General. También desarrollamos actividades en escuelas de oficios, para capacitar a las personas de la comunidad en diferentes artes tales como: Orfebrería, calzado, lencería, costura, meceros, cosmetología etc.

En general la Iglesia se esfuerza por ser parte del Proyecto de Dios, para nuestra Colombia. Servimos con una visión profética a todo el pueblo de Dios. De esta manera nos hacemos instrumentos en las manos de nuestro Creador para desarrollar su misión y cumplir el mandato de nuestra Señor y salvador Jesucristo (Mt. 28:19-20).

Propositos Estrategicos

MISIÓN: La Iglesia Colombiana Metodista como parte del cuerpo de Cristo, contribuye en la extensión del reino de Dios, que se expresa en la construcción de comunidades inclusivas, que proclaman la buena nueva de una vida digna e integral en la sociedad colombiana.

VISIÓN: Seremos una comunidad de fe, dinámica, diversificada en ministerios que atiendan los diferentes desafíos, necesidades y aspiraciones de la parroquia, contribuyendo a la plenitud de la vida en Colombia.

VALORES: Amor, Solidaridad, Justicia, Equidad.

Tomado de : www.icmetodista.org/un-pueblo-llamado-metodista